miércoles, 29 de septiembre de 2010



¡Jorge Briceño, un héroe caído en la resistencia al opresor!

¡Gloria eterna a todos los combatientes que han entregado su vida por la causa de la liberación de nuestro pueblo! ¡Gloria eterna al comandante Jorge Briceño!


Con profundo dolor, con el puño cerrado y el pecho oprimido de sentimiento, informamos a nuestro pueblo colombiano y hermanos latinoamericanos, que el comandante Jorge Briceño, nuestro bravo, altivo y héroe de mil batallas, comandante desde las épocas gloriosas de la fundación de las FARC-EP, ha caído, en su puesto de combate, al lado de sus hombres y al frente de sus responsabilidades revolucionarias, como resultado de un cobarde bombardeo al estilo de las blitzkrieg del ejército Nazi. Junto a él cayeron otros 9 camaradas a quienes también rendimos nuestro sentido homenaje.

Ha dejado de existir un hombre excepcional, de singulares virtudes personales, gran amigo y Camarada de extraordinario talento organizativo y militar. Un revolucionario ejemplar que dedicó por entero su vida a la causa de los humildes, maestro, preceptor y conductor de guerrilleros revolucionarios. Combatiente indoblegable, que durante más de cuatro décadas hizo morder el polvo de la derrota al ejército de los falsos positivos, aliado de los paramilitares, vasallo del imperio yanqui y enemigo jurado de los cambios sociales y de nuestro pueblo.

No nos quejamos. Como revolucionarios somos conscientes de los riesgos de una lucha como la que enfrentamos, obligados por las circunstancias, contra un enemigo implacable, en el tránsito por alcanzar la paz democrática con justicia social.

Nuestro compromiso con el cambio social y la Nueva Colombia no se doblega por los golpes que podamos sufrir en la lucha por conquistarla o por la caída en combate de nuestras unidades, que aunque nos duelen profundamente, también nos comprometen y estimulan a continuar adelante con mayor ahínco como homenaje a su memoria, a sus enseñanzas, a su ejemplo heroico, a su entrega y sacrificio.

Desde muy joven, "el Mono", como fraternalmente le llamábamos, abrazó la lucha revolucionaria. Siendo un campesino adolescente se vio envuelto en la vorágine de la violencia oligárquica contra el pueblo, que devino después del asesinato de Gaitán en 1948.

Desde 1968, empuñó las armas en defensa de su vida y de su pueblo. Aguerrido y audaz combatiente de primera línea durante toda su vida, fue, con Manuel Marulanda Vélez, Jacobo Arenas, Efraín Guzmán y una pléyade de revolucionarios, insigne constructor de las FARC-EP, por lo que siempre lo llevaremos en nuestro corazón al lado de ellos y de Jacobo Prías Alape, Isaías Pardo, Hernando González Acosta, Raúl Reyes, Iván Ríos y tantos otros que han ofrendado su vida en el altar de la patria por la liberación de nuestro pueblo de la opresión militarista y oligárquica, por una Colombia democrática con dignidad, paz y justicia social.

Pasado el tiempo, se borrarán y olvidarán todas las calumnias, comparaciones e infamias difundidas sobre él, por sus enemigos de clase, por los gacetilleros y pirañas informativas al servicio de la desinformación y la guerra mediática, y será recordado eternamente por su pueblo, por los revolucionarios y los guerrilleros, como uno de sus más resueltos y firmes representantes, ejemplo de lealtad al ideario bolivariano, dignidad, transparencia, espíritu de sacrificio y valor a toda prueba.

En instantes como el actual, con profunda emoción y plenas convicciones, el Secretariado, El Estado Mayor y la guerrillerada reiteramos nuestra fidelidad a la causa de las FARC - EP, firmeza con sus principios revolucionarios y bolivarianos de independencia, justicia, dignidad y cambio social, banderas que jamás arriaremos!

Informamos que el Comandante Pastor Alape, es nuevo integrante pleno del Secretariado del Estado Mayor Central. También que el Bloque Oriental de las FARC - EP se llamará a partir de la hoy “Bloque Comandante Jorge Briceño” que continuará el desarrollo de sus planes bajo el mando del Comandante Mauricio Jaramillo.

Una vez más, como desde hace 45 años lo hemos manifestado, reiteramos nuestra disposición a buscar la solución política del conflicto que logre abrir caminos de convivencia atacando y superando las causas que lo generan. Pero, en el entendido que iniciar un dialogo no puede condicionarse a unas exigencias unilaterales y a unos inamovibles, que como la historia reciente lo evidencia, todo lo que logran es dificultar cualquier intento de acercamiento.

A los combatientes revolucionarios del país los convocamos a redoblar la lucha y los esfuerzos por los objetivos de la libertad y los cambios. Los desesperados y mentirosos llamamientos de la oligarquía a abandonar nuestras convicciones, decisiones e ilusiones, solo pretenden llevar un mensaje de desesperanza a nuestro pueblo, que siente en las banderas de lucha guerrillera revolucionaria la posibilidad real de un futuro amanecer que lo reivindique y colme sus aspiraciones.

¡Gloria eterna a los héroes caídos en la resistencia al opresor!

¡Gloria eterna a todos los combatientes que han entregado su vida por la
causa de la liberación de nuestro pueblo!

¡Comandante Jorge Briceño, héroe de la Libertad, la Nueva Colombia, la Patria Grande y el socialismo: Presente, hasta siempre!

Secretariado de las FARC-EP
Montañas de Colombia, Septiembre 25 de 2010

viernes, 24 de septiembre de 2010

De Resistencia, a la comunidad nacional e internacional, con motivo de los acontecimientos en las selvas del sur de Colombia

El pueblo de Colombia y el mundo observan el triunfalismo macabro y la euforia guerrerista de la clase gobernante colombiana, hecho perfectamente reflejado en la prensa amarillista del régimen, que acuciosa ha desplegado ediciones especiales, no para lamentar la violencia y clamar por la paz, como demandan los colombianos, sino para cantar una falsa y victoriosa aniquilación de la insurgencia.


Voceros de gobierno y analistas de bolsillo nutren la pretensión que por medio siglo ha amamantado la clase terrateniente y corrompida que gobierna: exterminar por la vía militar a la rebelión insurgente.


Cuán lejos están de la realidad que representan las FARC-EP en Colombia, y su símbolo revolucionario de resistencia, guías que hoy se propagan incluso más allá de la América Latina.


Sabemos que los ejecutores de la guerra del régimen, ni por un minuto piensan que sus bombas de racimo pueden alcanzar a sus soldados y policías que permanecen como nuestros prisioneros de guerra en la selva. Nada les detiene de lanzar sus bombardeos feroces, inclusive asesinar a mansalva a sus propios hombres que dignamente han defendido sus políticas.


Esta es la personalidad violenta y excluyente del régimen que enfrentamos, y que pese a los avatares de la confrontación, seguiremos enfrentando mientras tengamos, como hasta hoy, el respaldo popular de las gentes humildes y negadas que engrandecen la resistencia guerrillera. Ahí está el secreto que nos proyecta al futuro tanto en las selvas como en las ciudades de Colombia.


Mientras haya injusticia, desplazados y desterrados, acaparamiento de la tierra y la riqueza, bandas de narcotraficantes y paramilitares cogobernando, impunidad, corrupción, pobreza extrema, falta de garantías para participar políticamente por la vía pacífica y democrática, y mientras haya pérdida de soberanía y saqueo de nuestros recursos naturales, ahí seguirán apareciendo sin cesar los semilleros genuinos para la existencia de las FARC-EP.


No obstante seguimos reclamando una oportunidad para la paz, no para la rendición como obstinada y estúpidamente lo piensa el régimen. Lo que reclamamos ya lo comunicó con meridiana claridad nuestro comandante Alfonso Cano: el único camino es la solución política y pacífica para el conflicto social y armado interno, y en ella somos y seremos factor determinante, las demás estrategias solo contribuyen a prolongar el espiral de la guerra.


Finalmente queremos corroborar que no nos alegra la muerte de nuestro adversario. Jamás la revista y la emisora Resistencia, órganos informativos de las FARC-EP, han celebrado muerte alguna.


Por el contrario, asumimos con disciplina el pensamiento Fariano y los lineamientos del Estado Mayor y el Secretariado Nacional, que claramente y desde siempre han lamentado la violencia, y en cambio hemos defendido y propuesto el dialogo y la paz. Acaso no fue esa la inspiración de la exterminada Unión Patriótica ¿y no son los mismos lineamientos democráticos, pluralistas y pacifistas del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia?


Convocamos a la comunidad nacional e internacional a que no se deje engañar fácilmente con los cantos de sirena que han proclamado el presidente J. M. Santos desde Nueva York y sus esbirros desde los periódicos y micrófonos de Colombia.


No es por la vía de la exterminación del contrario que Colombia encontrará la paz y la reconciliación. En su momento el Secretariado habrá de comunicar la realidad de los hechos sucedidos en las selvas del sur de Colombia, por lo mismo no agregamos nada sobre estos acontecimientos. Entretanto, nos cubre el honor y la gloria de seguir luchando y resistiendo hasta alcanzar una Nueva Colombia, en paz con justicia y democracia.


Revista Resistencia, edición nacional, septiembre 24 de 2010

lunes, 23 de agosto de 2010


De las FARC-EP a la Unión de Naciones de Suramérica UNASUR


Aunque el gobierno de Colombia mantiene cerrada la puerta del diálogo con la insurgencia acicateado por el espejismo de una victoria militar y la injerencia de Washington, queremos reiterar a la Unión de Naciones del Sur, UNASUR, nuestra irreductible voluntad de buscar una salida política al conflicto.


Es un hecho que éste desbordó, desde hace años, el marco de las fronteras patrias como consecuencia de las estrategias “preventivas” impuestas a Bogotá por el gobierno de los Estados Unidos. Si Colombia hoy está ocupada militarmente por una potencia extranjera, lo es en desarrollo de un interés geoestratégico, de predominio continental y no en razón de una guerra local contrainsurgente.  Nadie discute que la Casa Blanca asume con preocupación la presencia política, cada vez mayor en este hemisferio, de gobiernos que optan por el decoro patrio y la soberanía.


En nuestro país, el Plan Colombia, la estrategia neoliberal, la violencia institucional y para institucional, han agravado a niveles insospechados el conflicto, haciendo muy difícil superar esta etapa de confrontación fratricida sin la ayuda de países hermanos.


El drama humanitario de Colombia clama la movilización y solidaridad continental. La obsesión oligárquica por someter militarmente a la guerrilla desde hace 46 años, y la ejecución de los planes guerreristas y represivos de Washington han costado innumerables masacres, fosas comunes como la de la Macarena que esconde más de 2000 cadáveres: la más grande de América Latina, crímenes de lesa humanidad llamados eufemísticamente “falsos positivos”, un desplazamiento forzoso de cinco millones de campesinos, desapariciones de ciudadanos por causas políticas, detenciones arbitrarias, 30 millones de pobres en un país de 44 millones de habitantes…


Algunos aluden frecuentemente a la obsolescencia de la lucha armada revolucionaria, pero nada dicen de las condiciones y garantías para la lucha política en Colombia. Otros ubican la amenaza en la insurgencia y no en la estrategia neocolonial del gobierno de los Estados Unidos, pareciendo ignorar que con guerrilla o sin ella el imperio dará curso a su agenda de predominio. Y los hay también proclives a presionar a una sola de las partes contendientes, casi siempre a la insurgencia.


La paz con justicia social y no la guerra por la guerra, ha sido el objetivo estratégico de las FARC desde su surgimiento en 1964 en Marquetalia. Si las conversaciones de paz de Casa Verde, Caracas, Tlaxcala y el Caguán, no llegaron a feliz término, fue porque las oligarquías no quisieron considerar ningún cambio en las injustas estructuras políticas, económicas y sociales que motivan el alzamiento. Hoy enfrentamos, enarbolando incuestionables banderas políticas, la más grande maquinaria bélica que haya enfrentado guerrilla alguna, pero siempre luchando la posibilidad de una solución política.


Señores presidentes: cuando lo estimen oportuno estamos dispuestos a exponer en una asamblea de UNASUR nuestra visión sobre el conflicto colombiano.


La paz de Colombia es la paz del continente.


Reciban nuestro saludo


De ustedes atentamente,


Compatriotas


Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP
Montañas de Colombia, Agosto de 2010,
Año bicentenario del grito de independencia

jueves, 29 de julio de 2010

Las FARC-EP se dirigen al presidente electo, a Colombia y a los países miembros de UNASUR (Parte 1)

Video conferencia del Comandante de las FARC-EP, camarada Alfonso Cano
Las FARC-EP se dirigen al presidente electo, a Colombia y a los países miembros de UNASUR (parte 2)
Video conferencia del Comandante de las FARC-EP, camarada Alfonso Cano

Conversemos... Las FARC-EP se dirigen al presidente electo, a Colombia y a los países miembros de UNASUR (Parte 3)

Video conferencia del Comandante de las FARC-EP, camarada Alfonso Cano

viernes, 16 de julio de 2010










¡El pueblo que puede, el pueblo que construye, tiene la palabra!




Castiguemos con el repudio colectivo a los gobernantes vasallos


Estamos en marcha por la dignidad de la patria. La batalla por la independencia no ha terminado, ha entrado en su fase decisiva.

No podemos proclamarnos libres cuando la política de dominación de un imperio nos subyuga y nos somete con la complicidad apátrida de las oligarquías, y nos aprisiona la inhumanidad de las cadenas de la esclavitud neoliberal.
Un país ocupado militarmente no es independiente. No podemos declararnos soberanos cuando la fuerza militar de una potencia extranjera plaga de bases el territorio patrio, pisotea la dignidad, y la bandera de los Estados Unidos ondea sobre nuestra América, su amenaza de expolio.

¡Pero sí podemos proclamarnos pueblo en lucha por la libertad!

Ya estamos en batalla. Con la certeza de Bolívar, “todos los pueblos del mundo que han lidiado por la libertad han exterminado al fin a sus tiranos”. La justa causa de los pueblos no puede ser derrotada. La espada de batalla del Libertador, ahora en manos del pueblo, nos abrirá los caminos de la esperanza y triunfará en la contienda de la definitiva emancipación.

Despleguemos hoy la oriflama tricolor del bicentenario como símbolo de lucha y homenaje a los libertadores que soñaron la Gran Nación de Repúblicas, escudo de nuestro destino, a los que nos dieron patria pensando en la humanidad y se batieron en los campos de batalla para dignificar al hombre y a la mujer americanos.  

Como hace doscientos años “en Bolívar está la emancipación”. Esta certeza esparcida sobre el cielo de América por el prócer Camilo Torres, debe ser la divisa de nuestra campaña en la alborada de Socialismo y Patria Grande que ilumina el continente y la América insular. La cosecha de la siembra amorosa de los libertadores concebida para los pueblos, no puede ser usurpada ni un minuto más por los herederos de Santander y su perfidia; debe pasar al usufructo de sus destinatarios originales. La sangre de los libertadores no abonó los campos de batalla para hacer más ricos a los ricos ni facilitar nuevas cadenas coloniales, sino para redimir al soberano, que es el pueblo.

Rindamos tributo en esta efeméride al inca Tupac Amaru, al comunero José Antonio Galán, al negro José Leonardo Chirinos, y a todos los descuartizados por la criminal opresión de la corona española. Honor a la joven Policarpa Salavarrieta arcabuceada por los terroristas pacificadores encabezados por el general español Pablo Morillo. Gloria eterna a Francisco José de Caldas, Camilo Torres Tenorio, a Francisco Carbonel y a todos aquellos, que supliciados en los patíbulos, nos mostraron con su ejemplo el camino de la libertad. A los precursores de nuestra independencia, Miranda, Nariño y Espejo, nuestro reconocimiento eterno. Tenemos que desenterrarlos, sacarlos de las fosas del olvido en las que los ha confinado la mentirosa historiografía de los que desviaron el rumbo de la patria, para que sigan en batalla.

Aún resonaba el eco de la victoria de Ayacucho cuando estalló la contrarrevolución en la ambición desbordada de la oligarquía criolla por el poder político ilimitado. Ella encontró en la Doctrina Monroe, intriga y aliento permanente para dividir el territorio y despedazar la obra legislativa bolivariana que pretendía dignificar al pueblo haciendo prevalecer el interés común sobre el particular.

Tal como lo había pronosticado el Libertador, no tardaron en buscarse un nuevo amo. Combatieron la concepción bolivariana de la unidad de pueblos en una Gran Nación, apoyados en el sofisma de la Doctrina Monroe. Ella fue su acicate para asaltar el poder y lograr su miserable sueño de sustituir a los virreyes en la opresión. Esa doctrina era el disfraz de la avaricia del Destino Manifiesto anglosajón, que jamás pensó enfrentar a la armada colonial británica ni a la Santa Alianza que proyectaba restaurar en América el predominio del trono español, sino anexar repúblicas, saquear recursos, y someter políticamente.

Traicionaron la grandeza y trocaron la posibilidad del surgimiento de un nuevo poder continental, que fuese equilibrio del universo, esperanza de la humanidad, por el arrodillamiento y la sumisión a una potencia extranjera. Sólo les interesaba asaltar el poder político con la ayuda externa para acrecentar sus fortunas  personales y ponerlas a salvo de la revolución social. Dóciles a su nuevo amo desmovilizaron, por conveniencia recíproca, al ejército libertador, único garante de la independencia y las conquistas sociales, fuerza disuasiva al mismo tiempo, de las ambiciones neocoloniales del gobierno de Washington.

Los codiciosos y agresivos líderes del norte, inspirados siempre en el cálculo aritmético, poseídos por la ambición de erigir su prosperidad sobre la base del expolio a los pueblos del sur, no podían tolerar la concreción del plan estratégico de Bolívar en el Congreso de Panamá que contemplaba la formación de una liga perpetua de las naciones antes colonias españolas, presidida por una autoridad política permanente, con un ejército unificado concebido para la defensa y para la campaña de liberación de las islas de Cuba y Puerto Rico, consideradas por Washington, apéndices de su espacio continental. Les mortificaba la idea del Libertador de hacer efectiva la ciudadanía hispanoamericana entre pueblos hermanos, el establecimiento de un poder político enemigo de la esclavitud, y sobre todo, el propósito de impulsar un régimen de comercio preferencial que hiciera prevalecer la cláusula de nación más favorecida para las repúblicas hermanas coaligadas.

Todas estas medidas pensadas por el Libertador Simón Bolívar para preservar la independencia y la dignidad de las naciones hispanoamericanas se interponían como fortificación inexpugnable frente a las insólitas pretensiones del Destino Manifiesto, embeleco inventado por los fundadores del imperio para auto-legitimar el expolio.

Por eso cursaron la instrucción perversa a sus ministros en Colombia, México y Perú, de estimular las rivalidades entre nuestras repúblicas, el espíritu chovinista, desatar el espionaje, la conspiración y la intriga, minar el prestigio del Libertador, y por eso fue Bolívar el blanco de sus furibundos ataques.

Eliminar la figura política del Libertador, su poderoso influjo en América Latina, fue su obsesión hasta causar su muerte física y el eclipse transitorio de su proyecto político y social.  

Todas las desgracias y miserias de Nuestra América tienen ese origen. “Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia para plagar la América de miserias a nombre de la Libertad”. Lo había profetizado Simón Bolívar.

La revolución quedó truncada, inconclusa desde 1830 por la acción depredadora de la jauría de excluyentes criollos azuzada y comandada por el gobierno de Washington.

“Toda revolución –decía el Libertador- tiene tres etapas: la guerrera, la reformadora y la de organización. La primera etapa pertenece al pasado; fue obra de los soldados. La segunda la cubrimos con el Congreso de Cúcuta y el gobierno de Bogotá. La tercera, la de organización, la abordaré yo en Panamá”.

Es este exactamente el punto de partida para retomar la obra de la independencia y la revolución. A 200 años de iniciada la gesta independentista el proyecto de Bolívar sigue siendo asombrosamente vigente, como si hubiese sido concebido para los tiempos que corren. El pueblo que puede, el pueblo que construye, tiene la palabra. Y ahora Bolívar es el pueblo mismo empuñando su espada con la irreductible determinación de luchar por la concreción de su gran sueño.

Pero el sólo grito de independencia no es suficiente; quedó demostrado en la explosión simultánea de gritos que estremecieron el continente sur, ahogados rápidamente por las sanguinarias fuerzas punitivas de la corona. Ningún pueblo puede lograr su libertad si no tiene una fuerza propia. Esta vez el nuevo grito de independencia debe ser el grito de todos, el grito de los excluidos reforzado con la movilización resuelta, con la lucha multiforme, con las armas de la unidad, de la inteligencia y de la fuerza. Es la hora de los pueblos. Ellos fueron los que combatieron y combaten, los que aportaron y aportarán miles de héroes estelares o anónimos. Fue el pueblo la fuerza viva del ejército bolivariano que derrotó el régimen colonial en la América del sur, y será protagonista del triunfo inevitable de la revolución política y social.

Hay una espiral que asciende hacia la libertad. La lucha de los patriotas del siglo 19 tiene un hilo conductor, una articulación, con la de los patriotas del siglo 21. Aquellos desplegaron su lucha en un agitado contexto de crisis del mundo colonial. Se consolidaba, sí, el sistema capitalista con el saqueo y la esclavitud de pueblos, pero al mismo tiempo la invasión napoleónica a España estimulaba en Hispanoamérica la ruptura radical con el régimen colonial. La lucha de los patriotas del siglo 21 por la definitiva independencia no sólo está ligada a la derrota del sistema capitalista y la dominación imperial, sino que exige la superación de ese sistema decadente y la inauguración de una nueva era justiciera: la del socialismo y la Patria Grande. La actual crisis estructural del capitalismo es el toque del clarín que anuncia al pueblo, que ha llegado el momento de lanzarse a la batalla definitiva por la emancipación.

La preocupación de Washington es Simón Bolívar todavía vivo y palpitante en el anhelo justiciero de los pueblos, la vigencia de su pensamiento, de su proyecto político y social, el reencuentro de los excluidos con la historia verdadera que les dice que fueron ellos, su dignidad, el objeto principal del proyecto originario de nación.

Como vislumbran en la conciencia de los pueblos un obstáculo al expolio, recurren a la fuerza y al despliegue del poderío de su tecnología militar para negar por la violencia o la disuasión lo que exigen el sentido común y la justicia. No nacimos para ser vasallos de nadie, ni patio trasero de ninguna potencia. La América del sur nos pertenece porque nacimos en ella. Tenemos derecho a la dignidad humana y a construir el modelo de sociedad que haga nuestra felicidad.

¿Qué importa que los Estados Unidos desplieguen estratégicamente sus bases militares en el Caribe y el continente, si estamos resueltos a ser libres? Como diría Bolívar en la efervescencia independentista de la Sociedad Patriótica: “pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad suramericana; vacilar es sucumbir”.

Opongamos un escudo de dignidad latinoamericana y caribeña a las incesantes agresiones e irrespetos del monstruo del norte, fraguado este escudo en el más duro y resistente acero de la unidad. “Porque la división es la que nos está matando”, debemos destruirla. La dispersión y ausencia de unidad es la que ha interpuesto el tremendo abismo que nos separa de nuestro destino de Gran Nación, de potencia de humanidad y libertad. Rompamos las cadenas mentales y culturales que engrilletan la conciencia colectiva. Nuestro deber es desoir el esclavizante canto de sirena del imperio para escuchar la palabra amorosa del padre y Libertador, que nos dice, que “unidos seremos fuertes y mereceremos respeto; divididos y aislados, pereceremos”. La unidad es nuestra fuerza y es nuestra esperanza.

Rechacemos con decoro patrio las bases y emplazamientos operativos de avanzada del ejército de los Estados Unidos en Colombia. Castiguemos con el repudio colectivo a los gobernantes vasallos, de colonia, que permitieron el ultraje y que prestaron el territorio como base de agresión yanqui contra los pueblos del continente; a los apátridas que han arrodillado por 200 años nuestra dignidad ante el águila imperial, y que han clavado la daga de la política neoliberal y del Fondo Monetario Internacional en el corazón de la Colombia hemisférica; a los desvergonzados peones del imperio que prestan su sentimiento esclavo para atajar a nombre de Washington la incontenible ola bolivariana que recorre el continente.

La marcha patriótica bicentenaria está en movimiento. Como decía Bolívar: “el impulso de la revolución está dado, ya nadie lo puede contener (...) El ejemplo de la libertad es seductor, y el de la libertad doméstica es imperioso y arrebatador (...) Debemos triunfar por el camino de la revolución y no por otro (...) La ley de la repartición de bienes es para toda Colombia”.

La movilización de pueblos ha comenzado. Ya estamos en batalla. Con la espada del Gran Héroe triunfará la independencia definitiva, la Patria Grande y el Socialismo.


Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP
Montañas de Colombia julio 15 de 2010
Año bicentenario del grito de independencia

jueves, 24 de junio de 2010


El cambio de las injustas estructuras es posible con la movilización y la lucha de todo el pueblo por su dignidad
 

Con el triunfo ilegítimo del continuismo, repudiado por la abstención ciudadana, el país ha entrado en un proceso de radicalización de la lucha política, en el que el pueblo será protagonista de primera línea.

Toda la maquinaria del Estado, todos los recursos mafiosos del gobierno, sus mañas delictivas de fraude y corrupción, de chantaje e intimidación, fueron puestos al servicio de la victoria del continuismo buscando desesperadamente por esa vía un escudo que proteja a Uribe de la inminente acusación del pueblo y la justicia, frente a una gestión criminal y de lesa patria.

El régimen de Uribe fue el más serio intento de imponer violentamente un proyecto político de ultraderecha neoliberal basado en el paramilitarismo. Su gobierno pasará a la historia como el más vergonzoso de las últimas décadas, el más asesino de su población civil, el más arrodillado a la política de los Estados Unidos, y por esta circunstancia, el más compulsivo provocador de inestabilidad en las relaciones con los países vecinos.

Durante estos ocho años gobernó la mentira y la falsedad, la manipulación y el engaño. Uribe y el continuismo hicieron creer que su política de seguridad era de todos, cuando en realidad sólo aseguraba, mediante la represión, las ganancias de privilegiados sectores inversionistas, que acrecentaron el desempleo y la pobreza.

Hicieron creer que defender la soberanía era entregar la patria al gobierno de Washington y convertir a Colombia en un país ocupado militarmente por una potencia extranjera. Se las arreglaron para posar de adalides de la lucha contra el narcotráfico cuando el propio presidente Uribe, el DAS y el general Naranjo, tienen un largo historial que los vincula a la mafia del narcotráfico. Al país le dicen que no hay guerra ni conflicto armado, pero hay Plan Patriota e invasión gringa…

Seguridad democrática son los falsos positivos y la impunidad. Es poder elegir como Presidente al ministro de defensa que más estimuló estos crímenes de lesa humanidad. Es repartir tierras a la agroindustria paramilitar, porque ella sí tiene músculo financiero y los pobres campesinos no. Y es subsidiar o regalar de manera segura dineros del Estado a los empresarios del agro que financiaron las campañas electorales. Seguridad democrática son las fosas comunes con más de 2000 cadáveres como la que existe en un costado de la base militar de la Macarena y son los más de 4 millones de campesinos desplazados por la violencia del Estado. Es mentir sobre el fin del fin de la guerrilla bolivariana de las FARC -EP y preocuparse por la vitalidad de una organización que combate denodadamente por la nueva Colombia como lo consignan sus partes militares del mes de mayo.

Seguridad democrática es cambiar la Constitución para adecuarla a un interés particular cuando sea necesario y es tener una espuria mayoría en el Congreso y socavar la autoridad de las cortes con el aplauso de los incondicionales. También es repartir cargos burocráticos, gabelas y contratos, y aprovechar el gobierno para enriquecerse sin ningún cuestionamiento moral…

La abyecta defensa del militarismo oficiada por Uribe y su llamado a crear nuevas leyes garantes de la impunidad castrense, anuncian lo que vendrá durante el periodo presidencial de Juan Manuel Santos. Su cínica queja y su lamento fariseo sobreprotegiendo a un torturador-asesino, como Plazas Vega, a los altos mandos militares y al ex-presidente Belisario Betancur, responsables del holocausto del Palacio de Justicia, son patética evidencia de su esfuerzo por blindarse desde ahora, en previsión de futuras acusaciones en su contra.

Y, por supuesto, como forma de atornillar el narco paramilitarismo a la dirección del Estado, con garantías legales para desaparecer, torturar y asesinar opositores. El "fuero militar" que Uribe reclama es patente de impunidad criminal como lo demuestra la historia reciente de Colombia.

La vehemente defensa presidencial del ex director de la DIAN y de la "UIAF", señor Mario Aranguren, quien delinquió en favor de Uribe y seguramente por orden suya, evidencia la calaña de quien aspira a trascender ocultando, no solo su pasado criminal, sino las vergonzosas bajezas de su práctica como gobernante.

Estamos a las puertas de otro cuatrienio de ofensiva oligárquica contra el pueblo en todos los órdenes, embadurnado con melifluas y engañosas promesas oficiales alrededor de una victoria militar como lo han repetido sin cesar durante 46 años, sin preocuparse, ni mucho menos comprometerse a superar, las causas que generan el conflicto.

La profunda crisis estructural que padece Colombia no tiene solución en el continuismo. La ultraderecha neoliberal, creyendo que aún puede resolverla desde las alturas, ha convocado a una unión nacional sin pueblo en la que sólo reinan las ambiciones de los mismos que se lucran con la seguridad inversionista: los grupos financieros, el sector empresarial, los ganaderos y terratenientes, los paramilitares, los partidos que como pirañas se disputan las prebendas del poder, los grandes medios que aplauden los éxitos en litros de sangre de la política guerrerista... Allí no se ve el pueblo por ningún lado, porque la prosperidad de aquellos se sustenta en la miseria y explotación de los de abajo, de los excluidos.

Este bicentenario del grito de independencia debe dar paso a la lucha del pueblo por sus derechos, por la patria, por la soberanía, la justicia social y la paz. El cambio de las injustas estructuras es posible con la movilización y la lucha de todo el pueblo por su dignidad. Nada se puede esperar de los victimarios empotrados en el poder del Estado.

Sólo la lucha unificada puede conducirnos a una Colombia Nueva. Como lo hemos consignado desde Marquetalia en 1964: estamos dispuestos a buscar salidas políticas al conflicto, reiterando al mismo tiempo, que nuestra decisión de entregarlo todo por los cambios y los intereses populares, es irreductible, sin importar las circunstancias, obstáculos y dificultades que nos impongan. La justicia social espera triunfar en la movilización del pueblo.

Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP
Montañas de Colombia junio 21 de 2010

jueves, 3 de junio de 2010


Memorando para un intercambio sobre el conflicto colombiano


Siempre hemos creído en una salida política al conflicto. Desde antes de la agresión a Marquetalia y durante estos 46 años lo hemos reiterado, expresado y luchado.
 

Primero. Siempre hemos creído en una salida política al conflicto. Desde antes de la agresión a Marquetalia y durante estos 46 años lo hemos reiterado, expresado y luchado.

Segundo. Nosotros no somos guerreristas, ni luchamos por venganzas personales, no tenemos patrimonios materiales ni privilegios que defender, somos revolucionarios comprometidos a conciencia y hasta siempre, con la búsqueda de una sociedad justa y soberana; profundamente humanistas, desprovistos de cualquier interés personal mezquino, que amamos nuestra patria por encima de todo y obligados a desarrollar la guerra contra una clase dirigente arrodillada al imperio, que ha utilizado de manera sistemática la violencia y el atentado personal como arma política para sostenerse en el poder, desde el 25 de septiembre de 1828 cuando pretendió asesinar al Libertador Simón Bolívar, hasta hoy, en que practica el Terrorismo del Estado para mantener el Statu quo.

Tercero. La dificultad que Colombia ha enfrentado para lograr la reconciliación a través del diálogo y los acuerdos, ha sido la concepción de paz oligárquica del régimen, que solo acepta el sometimiento absoluto de la insurgencia al llamado "orden establecido", ó, como alternativa, la "paz de los sepulcros".

Cuarto. No hemos peleado toda la vida contra un régimen excluyente y violento, corrupto, injusto y anti patriota, para ahora, sin cambios en su estructura, retornar a él.

Quinto. En Colombia mucha gente buena y capaz que quería un país mejor y que lo luchó por las vías pacíficas, como Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo, Manuel Cepeda y otros, fue asesinada de forma premeditada, vil y a mansalva por los servicios de inteligencia del Estado en alianza con los paramilitares y las mafias, enemigos del pueblo, en un genocidio sin precedentes que liquidó físicamente a todo un movimiento político dinámico y en pleno crecimiento: LA UNION PATRIOTICA.

Por esa estrategia del Terrorismo de Estado se fracasó en la búsqueda de solución política en La Uribe durante los gobiernos de Belisario Betancur y Virgilio Barco y, en Caracas y México durante el gobierno de César Gaviria.

Sexto. En El Caguán, como lo ha reconocido en su libro y en declaraciones públicas el presidente Pastrana, el régimen solo buscaba ganar tiempo para recomponer la alicaída fuerza militar del estado con un cronograma, directrices, instrucciones y financiación de la Casa Blanca, integrados en el Plan Colombia e impuesto por la administración de Bill Clinton para abortar una salida política democrática al conflicto colombiano y dar inicio a su campaña por revertir los cambios progresistas que desde entonces, avanzan en el continente. El satanizado proceso del Caguán, estaba condenado al fracaso antes de empezar como lo ha corroborado el ex presidente Pastrana, pues su gobierno jamás buscó allanar el camino hacia la paz, sino fortalecer y afinar su aparato de dominación, para continuar la guerra.

Séptimo. Estos antecedentes no invalidan las posibilidades de una solución política al conflicto colombiano. Evidencian sí la casi nula intención de las clase dirigente colombiana de ceder en su he gemonismo y su intolerancia frente a otras corrientes u opciones políticas de oposición que cuestionen su régimen político y su alineamiento internacional incondicional a favor de los intereses imperiales de los Estados Unidos, con menoscabo de nuestra soberanía y en contravía de los más caros y sentidos intereses de la nación y de la patria.

Su concepción sobre el ejercicio del poder está signada y sostenida por la violencia, la corrupción y la rapacidad y ello hace muy difícil una salida incruenta, que de todas formas, continuará siendo bandera de las FARC - EP y seguramente de amplios sectores del pueblo que finalmente, son los que sienten sobre su humanidad, los efectos de la hegemonía oligárquica.

Octavo. Los intereses de los distintos sectores sociales se están confrontando permanentemente. En ocasiones y por periodos definidos la oligarquía ejerce su dictadura a fondo, sin respuestas trascendentes de parte de las mayorías por la presión, represión, guerra sucia y descalificación que se desarrolla desde el Estado sobre ellas de diferentes maneras; en otros, las respuestas son importantes pero no suficientes; en otros, luego de una acumulación de factores sociales desbordantes, la respuesta popular es contundente. Entendemos que los intereses de los diferentes sectores en una sociedad como la nuestra, están en permanente choque y movimiento, nunca paralizados. Por eso, hablar en la Colombia de hoy del post conflicto, es propaganda.

Noveno. Esta reflexión es pertinente, puesto que las causas generadoras del alzamiento armado en nuestro país existen más vivas y pujantes que hace 46 años, lo que reclama, si queremos construir un futuro cierto de convivencia democrática, mayores esfuerzos, desprendimiento, compromiso, generosidad e imaginación realista para atacar la raíz de los problemas y no las consecuencias de los mismos.

Décimo. Luego de 12 años de ofensiva total contra las FARC - EP por parte del gobierno de los Estados Unidos y del Estado colombiano, los asesinatos oficiales, verdaderos crímenes de lesa humanidad, hoy llamados falsos positivos, el terror creciente de la nueva máscara del narco paramilitarismo denominada bandas criminales, la asqueante truculencia del presidente para mantenerse en el poder con trampas, la incontenible corrupción de la administración y de la empresa privada que a trueque de esa misma corrupción y de millonarias gabelas apoya al gobierno, la impúdica invasión del ejército gringo a Colombia y la creciente injusticia social con alto desempleo, sin salud para las mayorías, con un altísimo desplazamiento interno, con un ridículo salario mínimo en oposición a las enormes ganancias de banqueros, hacendados y empresas multinacionales y luego de haberle raponeando con una reforma laboral las conquistas salariales más trascendentes a los trabajadores del campo y la ciudad, todo lo que se ha logrado es abonar más el terreno para el crecimiento de la insurgencia revolucionaria.

Segunda parte:

1. El conflicto armado colombiano posee profundas raíces históricas, sociales y políticas. No ha sido el invento de ningún demiurgo, producto de ánimos sectarios, ni consecuencia de alguna especulación teórica, sino el resultado y la respuesta a formas de dominación específicas, impuestas por las clases gobernantes desde los gérmenes del Estado - nación cuyo eje ha sido la sistemática violencia terrorista anti popular, propiciada desde el estado, especialmente en los últimos 60 años.

2. Superarlo, por las vías pacíficas, supone que preliminarmente exista total disposición a abordar los temas del poder y del régimen político, si la decisión es encontrar soluciones sólidas y perdurables.

3. Hemos planteado la necesidad de conversar, en principio, para lograr acuerdos de canje, lo que permitiría no solo la libertad de prisioneros de guerra de lado y lado, sino avanzar en la humanización del conflicto y seguramente ganar terreno en el camino hacia acuerdos definitivos.

4. Conversar, buscar conjuntamente soluciones a los grandes problemas del país, no debe ser considerado como concesión de nadie, sino como un escenario realista y posible para intentar, una vez más, detener la guerra entre colombianos a partir de la civilidad de unos diálogos.

5. Reunirse para conversar de canje y de solución política supone plenas garantías para hacerlo, libres de toda presión, dando por descontado que, quien las puede otorgar es, exclusivamente, el gobierno de turno, si posee la voluntad de encontrar caminos de diálogo.

6. Nuestra histórica y permanente disposición por encontrar escenarios de confluencia a través del diálogo y la búsqueda colectiva de acuerdos de convivencia democrática no dependen de una coyuntura especial o de la correlación de las fuerzas políticas, es sencillamente, parte de nuestro acerbo programático.

7. Durante los últimos 45 años hemos sido objeto de toda suerte de ofensivas políticas, propagandísticas, militares, con presencia abierta o soterrada del Pentágono, con toda suerte de ultimátum y de amenazas de autoridades civiles y militares, bajo una permanente agresión terrorista sobre la población civil de las áreas donde operamos, etc., que no han mellado ni un ápice nuestra decisión y disposición de luchar, por el medio que nos dejen, por una Colombia soberana, democrática y con justicia social.

8. Entendemos los diálogos, en la búsqueda de caminos hacia la paz, no como una negociación porque no lo es, sino como un enorme esfuerzo colectivo por lograr acuerdos que posibiliten atacar las raíces que originan el conflicto colombiano.

Tercera Parte:

Las FARC somos respuesta a la violencia y a la injusticia del Estado. Nuestra insurgencia es un acto legítimo, un ejercicio del derecho universal que asiste a todos los pueblos del mundo de rebelarse contra la opresión. De nuestros libertadores aprendimos que “cuando el poder es opresor, la virtud tiene derecho a anonadarlo”, y que, “el hombre social puede conspirar contra toda ley positiva que tenga encorvada su cerviz”.

Tal como lo proclama el Programa Agrario de los Guerrilleros, las FARC “somos una organización política militar que recoge las banderas bolivarianas y las tradiciones libertarias de nuestro pueblo para luchar por el poder y llevar a Colombia al ejercicio pleno de su soberanía nacional y hacer vigente la soberanía popular. Luchamos por el establecimiento de un régimen democrático que garantice la paz con justicia social, el respeto de los derechos humanos y un desarrollo económico con bienestar para todos quienes vivimos en Colombia".

Una organización con estas proyecciones, que busca la concreción del proyecto político y social del padre de la República, el Libertador Simón Bolívar, irradia en su táctica y estrategia un carácter eminentemente político imposible de refutar. Sólo el gobierno de Bogotá, que actúa como colonia de Washington, niega el carácter político del conflicto. Lo hace dentro del marco de su estrategia de guerra sin fin para negar la salida política que reclama más del 70% de la población. Con ello pretende imponer a la fuerza una antipatriótica concepción de seguridad inversionista ideada por los estrategas del Comando Sur del ejército de los Estados Unidos, que relega a planos secundarios la dignidad de la nación.

Para el gobierno de Uribe, en Colombia no existe un conflicto político-social, sino una guerra del Estado contra el terrorismo, y con este presupuesto, complementado con la más intensa manipulación informativa, se cree con justificación y patente de corso para desatar su terrorismo de Estado contra la población, y para negar la solución política y el derecho a la paz.

Ahora que Colombia es un país formalmente invadido, ocupado militarmente por tropas estadounidenses, esa absurda percepción será fortalecida, provocando la agudización del conflicto.

Uribe no está instruido por sus amos de Washington ni para el canje ni para la paz.

El presidente de Colombia crea fantasmas para justificar su inamovilidad frente al tema del canje de prisioneros: que el acuerdo implica un reconocimiento del carácter de fuerza beligerante del adversario y que la liberación de guerrilleros provocaría la más grande desmoralización de las tropas... Es su manera de atravesar palos en la senda del entendimiento. Esta intransigencia innecesaria del gobierno ha sido la causa fundamental de la prolongación del cautiverio de los prisioneros de ambas partes. Cuando Bolívar firmaba el armisticio con Morillo en noviembre de 1820, propuso al general español, aprovechar la voluntad de entendimiento reinante para acordar un tratado de regularización de la guerra “conforme a las leyes de las naciones cultas y a los principios liberales y filantrópicos”. Su iniciativa fue aceptada, conviniéndose el canje de prisioneros, la recuperación de los cuerpos de los caídos en combate, y el respeto a la población civil no combatiente. Cuán distante está Uribe de estos imperativos éticos de humanidad.

Sin duda, asocia Uribe la solución política del conflicto con el fracaso y la inutilidad de su Doctrina de Seguridad Nacional y con el fin melancólico de su arrebato guerrerista de aplastar mediante las armas, la creciente inconformidad social. Parece un soldado japonés de la segunda guerra mundial perdido en una isla, disparando a enemigos imaginarios en medio de su locura.

A los participantes de este intercambio sobre el conflicto colombiano les reiteramos lo planteado recientemente a los presidentes de UNASUR y del ALBA:

“…Con un Uribe imbuido en el frenesí de la guerra y envalentonado con las bases norteamericanas, no habrá paz en Colombia ni estabilidad en la región. Si no se frena el guerrerismo -ahora repotenciado-, se incrementará en proporción dantesca el drama humanitario de Colombia. Es hora que Nuestra América y el mundo vuelvan sus ojos sobre este país violentado desde el poder. No se puede condenar eternamente a Colombia a ser el país de los “falsos positivos”, del asesinato de millares de civiles no combatientes por la Fuerza Pública, de las fosas comunes, del despojo de tierras, del desplazamiento forzoso de millones de campesinos, de las detenciones masivas de ciudadanos, de la tiranía y de la impunidad de los victimarios amparados en el Estado”.

Solicitamos a los asistentes a este evento interponer sus buenos oficios promoviendo, como un principio de solución política del conflicto, el reconocimiento del estatus de fuerza beligerante a las FARC. Sería el comienzo de la marcha de Colombia hacia la paz.
Si vamos a hablar de paz, las tropas norteamericanas deben salir del país, y el señor Uribe abandonar su campaña goebbeliana de calificar de terrorista a las FARC. De nuestra parte estamos listos para asumir la discusión en torno a la organización del Estado y de la economía, la política social y la doctrina que ha de guiar a las nuevas Fuerzas Armadas de la nación.

De ustedes atentamente.
Compatriotas,
Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP
Montañas de Colombia, Febrero 22 de 2010