martes, 12 de octubre de 2010
Homenaje y Semblanza
del guerrillero heroico
“Nacimos para vencer, no para ser vencidos” Jorge Briceño
Una muerte gloriosa
triunfa sobre el tiempo
y prolonga la sublime
existencia, hasta la más remota posteridad. SIMÓN BOLÍVAR
30 aviones
y 27 helicópteros, 7 toneladas de explosivo tritonal y la tecnología militar de
punta del South Command estadounidense y del Mossad israelí, el uso
desproporcionado de la fuerza y la violencia terrorista del Estado, todos,
contra un hombre en su cuartel de la montaña, que no era un hombre, sino un
pueblo.
Lo ocurrido
en la madrugada del 22 de septiembre en las selvas de La Macarena no fue un
combate, sino un vil asesinato, una masacre ejecutada a mansalva y sobre seguro
por un Estado terrorista subordinado a los dictados de Washington. Contra el
comandante Jorge Briceño, del Secretariado de las FARC, fue concentrado todo el
fuego y todo el odio de una casta dominante criminal, de ultraderecha, que por
décadas ha ensangrentado y empobrecido al país.
Era Jorge
un símbolo telúrico, potente, de la rebeldía y la esperanza del pueblo llano de
Colombia, salido de la escuela de guerra de guerrillas móviles del legendario
Manuel Marulanda Vélez. Era un ser excepcionalmente humano, y por ello, amado
por la gente y por la tropa guerrillera. En tiempos de la zona de distensión y
de los diálogos de paz, cuando aparecía de vez en cuando en la población de La
Macarena, un enjambre de niños descalzos y descamisados, bulliciosos, lo seguía
por las polvorientas calles, y él, feliz, dejaba que le quitaran la boina y que
saltaran en su corazón, como en la canción Jojoy del cantautor Julián. Era un
imán en traje de fatiga arrastrando pueblo a su paso, fundiéndose con sus
sueños. Campesinos, obreros, desempleados, alcaldes, curas, académicos,
sindicalistas, maestros, estudiantes, afro descendientes, amas de casa,
escuchaban la magia torrencial de sus palabras que aludían a un sueño llamado
Nueva Colombia, Patria Grande y Socialismo.
Era un
duro, sí, pero aprisionado por una gran ternura. Recio con el enemigo,
afectuoso con su pueblo. No faltaba en su mochila de campaña el Diario del Che.
Bebía con avidez el pensamiento de Guevara, y del guerrillero heroico había
aprendido a endurecer, sin perder la ternura jamás. Era un guerrero enamorado
del fulgurante amor de los héroes por la libertad y la justicia.
Había
Ingresado a la guerrilla de las FARC en 1968. Eran los tiempos feroces de la
represión y la exclusión brutal del Frente Nacional bipartidista y oligárquico,
que pretendió criminalizar el derecho de los pueblos a la opción política.
Empuñando la bandera comunista, siempre al lado de Manuel y de Jacobo, se forjó
como guerrero en las vicisitudes de la guerra justa contra la opresión.
Lo de
“Mono” por lo catire o de cabello claro, rubio, o huero. Lo de “Jojoy”, por una
muletilla de juventud. Así, el joven “Mono Jojoy” trasegó con su fusil y su
política al hombro, las tres cordilleras andinas de la arriscada geografía
colombiana.
Su primera
revolución triunfante, fue la librada consigo mismo. Implacable con sus lastres
humanos, poco a poco, doblegándolos a pulso, fue levantando hacia el cielo la
gran mole de su arquitectura política y guerrera, de hombre nuevo. Su pasión
por la libertad y ese anhelo de dignidad para todos que abrazaba su corazón,
fue el arpegio más sonoro de su fibra humana.
La figura
de Jorge continúa su incesante crecimiento en las selvas inmensas del Caguán,
en sus puertos fluviales de amarillento caudal, hasta alcanzar la inusitada
dimensión de la leyenda. Incansable constructor de partido y de milicias
populares, agitador de la Unión Patriótica como alternativa política, impulsor
entre la población de la sustitución de cultivos de coca por siembras de caucho
y cacao. Consciente de la importancia de la propaganda revolucionaria instaló,
por primera vez, una impresora offset montaña adentro. En Remolinos y en Santo
Domingo es el hombre de la logística, de los uniformes, de las armas, de las
finanzas. Formador de cuadros, llamaba a los cadetes egresados de la Escuela Nacional,
para tomar de ellos, aún frescos, los nuevos conocimientos y técnicas
aprendidas. Nunca percibió sombras en los que podían saber más que él; por el
contrario, los acogió con admiración, y aprendió de ellos. Era un insaciable
fagocitando luces.
Luego el
guerrero irrumpe en los Llanos indómitos y bravíos, que tienen la extensión de
medio país y una rica historia de rebeldía contra el centro del poder. Allí
inscribió su nombre en moldes dorados de la mano de Marulanda y sus compañeros,
como destacado estratega militar y político, como luchador en la primera línea
de fuego y en la conducción del avance de las huestes guerrilleras hacia la
capital. Realmente el poder de Jorge, su liderazgo avasallante, cautivador, se
fundaba en la dirección colectiva y en el gran amor que le profesaban los
guerrilleros y el pueblo.
Ningún jefe
insurgente de Nuestra América había sido atacado con tanta saña. 50 bombas
inteligentes made in USA que demolieron y arrasaron su puesto de mando, no
fueron suficientes para saciar el odio de las oligarquías. Verificada la muerte
del comandante, el gobierno desencadenó, desde todos los flancos, el más infame
ataque mediático, con el propósito quimérico de aniquilar también su imagen y
su ejemplo de dignidad. No se trataba sólo de matar a la persona, sino al sueño
de esa inmensa muchedumbre de humildes que creen en el proyecto político
libertario de las FARC-EP. Sangre y fuego, tierra arrasada, terrorismo de
Estado, ha sido la práctica constante del régimen para defender los intereses
de las trasnacionales, la bolsa y el poder de una oligarquía apátrida y
arrodillada a los gringos.
Frente a la
barbarie del Estado, ni una sola palabra de la acuciosa Katerine Aston de la
Unión Europea, ni de aquellos que siempre están condenando nuestros modestos
medios de resistencia. No lo necesitamos; el poder moral de las FARC es
inexpugnable. Bien sabemos que por boca de ellos habla la iniquidad de los
imperios.
El
comandante Jorge encarnaba los más profundos sentimientos altruistas de las FARC,
en la lucha y resistencia de los pueblos contra el terrorismo de Estado. Como
es de conocimiento, los Estados terroristas, como el de Colombia, buscan
siempre proyectar su propia condición sobre quienes los adversan. Por eso, el
presidente Santos, ladrando desde Nueva York, muy cerca de su amo, desesperado
por deslegitimar la lucha de los pueblos por la justicia, tergiversa la
realidad del conflicto interno de Colombia, pretendiendo vanamente satanizar el
alzamiento armado, al referirse a Jorge como símbolo del terror y la violencia.
¿Qué más se
puede esperar de personajes tan siniestros? Hace poco, oficiando como ministro
de defensa y de los “falsos positivos”, Juan Manuel Santos se solazaba con los
cadáveres de guerrilleros abatidos en los Montes de María. Ahora, el actual
jefe de esa cartera, señor Rodrigo Rivera, se conduele más por la muerte de la
perra Sasha, que por los centenares de soldados muertos y heridos en el campo
de batalla de La Macarena.
La
fementida “Sodoma”, nombre de la operación que segó la vida de los nuestros, no
es otra cosa que el mismo Estado colombiano en su bancarrota moral. La
“madriguera” del verdadero monstruo terrorista es el Palacio de Nariño, sede
del gobierno de Bogotá. Desde allí se ha planificado el desastre humanitario
que padece la patria. Desde ese mismo antro, los cerebros de la seguridad
democrática, tan celebrada por el presidente Santos, ordenaron las masacres
contra la población inerme, las ejecuciones extrajudiciales (“falsos
positivos”), las fosas comunes, las detenciones masivas, las desapariciones y
desplazamientos forzados, y tantos otros abominables crímenes de lesa
humanidad.
A los que
hoy desde el gobierno, ebrios de triunfalismo nos conminan a la rendición, les
respondemos con las mismas palabras que el comandante Jorge Briceño le
dirigiera al general Padilla en enero de 2010, en respuesta a una exigencia
similar:
“…Que poco
nos conoce usted señor Padilla de León: con toda sinceridad, sin odios ni
resentimientos y con el respeto que todo revolucionario profesa por sus
adversarios, le respondo: No, muchas gracias, general.
En
las FARC no tenemos alma de traidores, sino de patriotas y de revolucionarios.
Hemos
luchado y continuaremos haciéndolo, con valor, entrega y sacrificio por
derrocar este régimen podrido de las oligarquías y construir otro orden social,
o por alcanzar acuerdos que ayuden a construir una patria en donde quepamos
todos.
Jamás
hemos proclamado el principio de la guerra por la guerra, ni asumido esta lucha
como algo personal, ya que nuestros objetivos son los de lograr cambios
profundos en la estructura social de Colombia, que por fin tengan en cuenta los
intereses de las mayorías nacionales y de los sectores populares y que
conduzcan al desmonte del actual régimen político criminal, oligárquico,
corrupto, excluyente e injusto, como está consignado en nuestra Plataforma
Bolivariana por la Nueva Colombia.
Con
la honestidad que corresponde a nuestro compromiso con el cambio social y la
lealtad que le debemos a nuestro pueblo, le aseguramos, que no vamos a desistir
después de más de 40 años de lucha, ni a aceptar una falsa paz. No
traicionaremos los sueños de justicia de la Colombia que clama por la paz con
justicia social, ni la memoria de los miles de muertos, ni a las víctimas de
las innumerables tragedias que ha ocasionado esta cruenta guerra, declarada por
la oligarquía al pueblo desde hace más de 50 años.
Colombia
necesita encontrar los caminos que conduzcan a poner fin a esta guerra entre
hermanos, senderos de reconciliación que nos lleven a Acuerdos de Paz. Pero no
será a través de una paz falsa donde una minoría oligárquica continúa
acaparando todas las riquezas, a tiempo que las grandes mayorías nacionales
quedan aplastadas por el peso de la pobreza, el terror militarista, la miseria
y la degradación moral de una clase dirigente corrupta hasta los tuétanos, el
camino más seguro para alcanzar la reconstrucción de la patria y la
reconciliación de los colombianos.
Una
paz entendida como rendición o entrega es una fantasía de la oligarquía y solo
sería un crimen de lesa traición al pueblo y a sus históricos anhelos por
alcanzar, al fin, la justicia social para todos.
Acuerdos
de paz sí, pero, el punto cardinal es: ¿con o sin cambios estructurales en lo
político y social?
¿Más
Democracia o más autoritarismo y más represión y arrodillamiento al imperio?
Lo
invitamos a reflexionar sobre estas serenas palabras plenas de sensatez y
actualidad, contenidas en el mensaje que dirigió el comandante Manuel Marulanda
Vélez a los miembros de las Fuerzas Militares:
El futuro
de Colombia no puede ser el de guerra indefinida, ni el de expoliación de las
riquezas de la patria, ni puede continuar la vergonzosa entrega de nuestra
soberanía a la voracidad de las políticas imperiales del gobierno de los
Estados Unidos; nosotros estamos en mora de sentarnos a conversar en serio para
dirimir nuestras diferencias, mediante el intercambio civilizado de opiniones
hacia la solución definitiva de las causas políticas, económicas y sociales
generadoras del conflicto interno, para bien de las futuras generaciones de
compatriotas ”...
Para
algunos analistas mercenarios, que posan de sabiondos del conflicto, el golpe
de la Macarena “deja a las FARC descabezadas sin posibilidades de
recomposición”. El agente de la CIA ,
Alfredo Rangel, cree que las FARC quedaron “huérfanas” y heridas en su moral,
ad portas del abandono de la lucha armada… Se equivocan. Como siempre,
parecieran caminar con los ojos vendados por los precipicios de la realidad. Se
niegan a entender que somos una dirección colectiva, un cuerpo colegiado de
conducción política y militar en todos los niveles de su estructura de mando.
No atisban en la niebla de un análisis parcializado, motivado por las
fantasías, el poder de la cohesión que siempre ha distinguido al Estado Mayor
Central de las FARC y su Secretariado. Previendo que la lucha revolucionaria es
hasta las últimas consecuencias, todas las instancias de mando de las FARC
funcionan con suplencias para llenar oportunamente las vacantes ocasionadas por
la confrontación o cualquier otro motivo. Por eso el comandante Pastor Alape,
ante la desaparición de Jorge, pasó a ser miembro principal del Secretariado,
mientras al Bloque Comandante Jorge Briceño se le ha dado la posibilidad de
reestructurase, designando de su seno a un nuevo suplente.
No somos
soldados bisoños que se dejan apabullar en el rumbo incierto de una batalla.
Nuestra guerra es por la paz, la Nueva Colombia, la patria Grande y el
Socialismo, en la forma de un nuevo poder. En el guerrillero fariano hay
conciencia y lealtad a la causa, y estará siempre, ávido de lucha y de
victorias. Como decía el Jorge unos días antes de su partida: “nosotros hacemos
parte de la lucha popular y el pueblo es invencible”.
La caída
del gran guerrillero revivió en el presidente Santos el desvarío del fin del
fin de la guerrilla, de la proximidad de una derrota de la insurgencia, que
nunca llegará, y que viene siendo pregonada desde 1964 para justificar la
obsesión militarista de un sector de la oligarquía, por temor, por físico
miedo, a una solución política que demanda el fin de sus privilegios. No se dan
cuenta que al cerrar las puertas del diálogo y la solución política están
abriendo las puertas de la revolución. Es lo mismo que dijo Fidel en su más
reciente reflexión: muy al contrario de lo que afirma el gobierno colombiano,
el asesinato del comandante Jorge… acelerará el proceso revolucionario en
Colombia.
Lo decimos
sin aspavientos, pero con radicalidad: si Santos quiere venir por nosotros, que
venga, pero que venga en persona sin utilizar carne de cañón que es pueblo
uniformado. La arrogancia y el tono de ultimátum de Santos tienen como fondo
las órdenes en inglés, que los guerrilleros que siguen las comunicaciones de la
fuerza pública, captan en los grandes operativos.
Hacemos
nuestras para este momento de coraje las reflexiones de Julius Fucik al pie del
patíbulo: “Cuando la lucha es a muerte;/ el fiel resiste;/ el indeciso
renuncia;/ el cobarde traiciona…,/ el burgués se desespera,/ y el héroe
combate".
Viendo la
ignominia de algunos reporteruchos y gacetilleros de la gran prensa,
encarnizados frente al cadáver del líder guerrillero, aullando sus denuestos,
es deber moral deplorar la bajeza ética de quienes pretenden inducir la opinión
nacional a favor del guerrerismo y del terrorismo de Estado.
Esa
maquinaria de la desinformación se ha dedicado a la satanización de la
guerrilla y a la santificación del gobierno. En sus espacios silencian la voz
del pueblo y sólo dan la palabra a expertos estipendiados por la CIA y el capital financiero, que encubren y
justifican los más fétidos crímenes de lesa humanidad consumados por el Estado.
De manera
repetitiva y en horario estelar, durante 15 minutos, los noticieros de
televisión, mostraron las imágenes del devastador bombardeo con el claro
propósito de legitimar el terrorismo institucional, provocar el aplauso a los
criminales, concitar el apoyo de la población a la política guerrerista del
Estado y uniformar al país con la visión del conflicto de la derecha
neoliberal.
No son
héroes los pilotos y artilleros del terrorismo que dispararon sus armas,
guiados por la tecnología, sino cobardes instrumentos de un poder tiránico y
pro yanqui que aspira a eternizar la injusticia sobre el suelo de Colombia.
Actúan contra su propio pueblo en beneficio de una potencia extranjera. Fue un
ataque artero, y sobre seguro. No es heroísmo disparar bajo el amparo de la
oscuridad y a varios miles de pies de altura, cuando no hay equilibrio de
medios de combate entre las fuerzas contendientes. Otro fue el resultado en
tierra: 30 militares muertos, 70 heridos.
Constatada
la infausta noticia para los humildes de Colombia, algunos periodistas
robotizados y carroñeros se abalanzaron sobre los pobladores de La Macarena
para forzarles una opinión adversa a la guerrilla o hacerlos asentir que la
municipalidad se había liberado de su principal verdugo. Descaradamente aludían
a Jorge a sabiendas de que este era el principal benefactor de toda esa
serranía. Durante décadas el poder central nunca quiso abrir la carretera que
desembotellara la rica región campesina. Jorge y sus guerrilleros la
construyeron, logrando comunicar por tierra a la Macarena con San Vicente del
Caguán y Neiva. Igualmente, en auxilio de aquella gente empobrecida construyó
la vía que conduce a Vistahermosa (Meta). Tendió puentes sobre caños y ríos,
bombardeados luego por la Fuerza Aérea, cuando ya habían sido entregados a la
comunidad. Bajo la conducción de Jorge se pavimentaron los barrios de San
Vicente del Caguán, se hizo el mantenimiento de las carreteras de los llanos
del Yarí, se pusieron en funcionamiento varios acueductos, se organizaron
brigadas de salud, se impuestó el consumo de licores para financiar maestros de
escuela... Y la población recuerda también con gratitud cómo se activó el
comercio bajo la tutela guerrillera. Esta hermosa historia que habla bien de la
preocupación social y del sentido solidario del comandante, no podrá ser
ocultada mientras perviva enraizada en el corazón de una población olvidada,
que sólo ha conocido la presencia del Estado a través de bombas y metralla.
Pese
a estar postrado por la diabetes, el comandante Jorge logró frenar por largos
meses en el área general de la Macarena, el avance de varias brigadas móviles
con más de 15 mil efectivos. Sobrecogidos por su dinámica arrolladora, por su
voluntad inquebrantable, e inspirados en su profunda admiración por el Che, le
habíamos dirigido las siguientes palabras: “Jorge, nuestros respetos. Gracias
por tu ejemplo, por tu inagotable capacidad de trabajo en medio del infortunio
de la enfermedad, y por enseñarnos cómo es que se debe combatir al adversario.
Nos alegra que hace rato hayas superado a tu arquetipo guerrero, el Che. Con lo
realizado por ti, ya no se trata de ser como el Che, sino de superar al Che. La
puso muy alto, hermano”. A lo cual respondió con su modestia de siempre: “No la
hemos puesto tan alto, es que estamos haciendo poco con base en la tarea
estratégica que nos corresponde. Estamos es despertando un pequeño gigante
dormido”.
El parte
militar del Bloque Oriental en el mes de agosto es el siguiente:
Choques
armados 166; soldados muertos 157; soldados heridos 294; helicópteros averiados
10; buques averiados 2; guerrilleros muertos 11.
Ahora, a
los guerrilleros de las FARC nos toca ser como Jorge, el más contumaz de los
guerreros de Manuel. Aunque la tarea no es nada fácil, es nuestro deber. Sus
palabras resonarán en las mentes guerrilleras: “nacimos para vencer, no para ser
vencidos”.
Son
invencibles los soldados de Manuel Marulanda Vélez porque su bandera es la
causa del pueblo, porque sus fusiles son la justicia social, la independencia y
la libertad combatiendo por la Patria Nueva, porque marchan hacia la victoria
con la potencia demoledora del pensamiento de Marx y de Bolívar, con el plan
estratégico y el pueblo organizado.
Del Jorge
del último tramo de su fecunda vida insurgente, debemos resaltar:
Elegido por
la Octava Conferencia Guerrillera en 1993 como miembro del Secretariado de las
FARC, inicia su ascenso imparable hacia el cenit de los héroes. Con las
conclusiones de plenos y conferencias guerrilleras en mano, sigue el pulso al
avance del plan estratégico, denominado Campaña Bolivariana por la Nueva
Colombia, al lado de su gran maestro el comandante Manuel. Reajusta planes y
estructuras de mando y se ocupa del buen funcionamiento de las direcciones. Se
echa al hombro la escuela nacional de cuadros Hernando González Acosta y su
preocupación es la formación de los nuevos comandantes. Organizador de Partido
Clandestino, de profundas convicciones comunistas declaraba luego de sus
reuniones de célula: “me bañé de comunismo, cumplí con mis tareas y deberes de
militante”. Apareció radiante el 29 de abril del 2000 en el lanzamiento del
Movimiento Bolivariano en San Vicente, al lado de Manuel Marulanda y Alfonso
Cano y sus compañeros de Estado Mayor. Feliz con las 30 mil personas
congregadas en la sabana; había sido artífice de la convocatoria del evento,
del reencuentro de Bolívar con su pueblo, y jugado papel fundamental en la
impresionante logística de la movilización. Meses después lo vimos al frente de
la liberación unilateral de más 300 prisioneros de guerra capturados en las
campañas militares del Bloque Oriental. “Los respeto –les decía Jorge-, porque
se rindieron en combate; ojo con lo que van a decir a la prensa, incluso si son
opiniones favorables a nosotros, porque eso los puede perjudicar”.
Necesariamente
debemos destacar su permanente interés y respeto por todos los movimientos
revolucionarios del mundo y por sus procesos. Apasionado por el estudio y la
superación personal, leía ávidamente y gustaba adentrarse tanto en la historia
universal como en la del país. Sólo dormía 3 o 4 horas para dedicar la mayor parte
de su tiempo a la organización y al impulso de las tareas revolucionarias.
Mamagallista excelso y profundo conocedor de sus tropas, sabía escuchar y ser
autocrítico. Intenso en todo, en el combate, en la política, atento a los
cambios en la modalidad operativa del adversario, y muy eficaz en el
cumplimiento de las tareas del movimiento.
Hombre
franco, directo, realista, riguroso, fraternal, leal a la causa revolucionaria,
camarada y amigo de verdad, sin duda sus más caros valores. No permitiremos que
estos atributos de la personalidad del comandante Jorge sean manipulados por
seudo-periodistas empecinados en vejar su memoria.
De todas
maneras, con Manuel, con Jacobo, con Jorge, con Raúl, con Iván Ríos y con todos
los caídos, con el Libertador, los guerrilleros de las FARC entraremos a Bogotá
en los puños levantados del pueblo, cabalgando en la insurrección, para
instaurar en la plaza de Bolívar el nuevo gobierno, patriótico y bolivariano
inspirador de nuestra lucha. Justa; mil veces justa: un derecho universal
imprescindible para destruir el mal mayor de la opresión. Los colombianos,
tenemos todo el derecho del mundo a vivir en dignidad, en paz, en democracia,
en soberanía y en libertad. Como dijo Jorge, “allá nos pillamos”.
¡Triunfar!
es la consigna. A los revolucionarios les decimos con Bertold Brecht: “Quien
aún esté vivo no diga "jamás"/ Lo firme no es firme/ Todo no seguirá
igual/ Cuando hayan hablado los que dominan/ hablarán los dominados/ ¿Quién
puede atreverse a decir "jamás"?/ ¿De quién depende que siga la
opresión? De nosotros/ ¿De quién que se acabe? De nosotros también/ ¡Que se
levante aquél que está abatido!/ ¡Aquél que está perdido, que combata!/ ¿Quién
podrá contener al que conoce su condición?/ Pues los vencidos de hoy serán los
vencedores de mañana/ y el jamás, se convierte en hoy mismo”.
Gloria a
los héroes caídos en la resistencia al opresor, es el grito del comandante
Jorge resonando en lo más profundo de la conciencia guerrillera. Gloria a Raúl
Reyes, gloria a Iván Ríos, gloria a los caídos en Sucumbíos, gloria a todos los
combatientes que han entregado su vida por la causa de la libertad, HASTA
SIEMPRE.
Hasta
siempre, Jorge, camarada, comandante, amigo. Venceremos.
Honor al
comandante Jorge Briceño, héroe de la libertad, de la Nueva Colombia, la patria
grande y el socialismo.
Secretariado del
Estado Mayor Central de las FARC-EP
Montañas de Colombia, octubre 8 de 2010
Año bicentenario del grito de independencia
miércoles, 29 de septiembre de 2010
¡Jorge
Briceño, un héroe caído en la resistencia al opresor!
¡Gloria
eterna a todos los combatientes que han entregado su vida por la causa
de la liberación de nuestro pueblo! ¡Gloria eterna al comandante Jorge Briceño!
Con profundo dolor, con el puño cerrado y el pecho
oprimido de sentimiento, informamos a nuestro pueblo colombiano y hermanos
latinoamericanos, que el comandante Jorge Briceño, nuestro bravo, altivo y
héroe de mil batallas, comandante desde las épocas gloriosas de la fundación de
las FARC-EP, ha caído, en su puesto de combate, al lado de sus hombres y al
frente de sus responsabilidades revolucionarias, como resultado de un cobarde
bombardeo al estilo de las blitzkrieg del ejército Nazi. Junto a él cayeron
otros 9 camaradas a quienes también rendimos nuestro sentido homenaje.
Ha dejado de existir un hombre excepcional, de
singulares virtudes personales, gran amigo y Camarada de extraordinario talento
organizativo y militar. Un revolucionario ejemplar que dedicó por entero su
vida a la causa de los humildes, maestro, preceptor y conductor de guerrilleros
revolucionarios. Combatiente indoblegable, que durante más de cuatro décadas
hizo morder el polvo de la derrota al ejército de los falsos positivos, aliado
de los paramilitares, vasallo del imperio yanqui y enemigo jurado de los
cambios sociales y de nuestro pueblo.
No nos quejamos. Como revolucionarios somos
conscientes de los riesgos de una lucha como la que enfrentamos, obligados por
las circunstancias, contra un enemigo implacable, en el tránsito por alcanzar
la paz democrática con justicia social.
Nuestro compromiso con el cambio social y la Nueva
Colombia no se doblega por los golpes que podamos sufrir en la lucha por
conquistarla o por la caída en combate de nuestras unidades, que aunque nos
duelen profundamente, también nos comprometen y estimulan a continuar adelante
con mayor ahínco como homenaje a su memoria, a sus enseñanzas, a su ejemplo
heroico, a su entrega y sacrificio.
Desde muy joven, "el Mono", como
fraternalmente le llamábamos, abrazó la lucha revolucionaria. Siendo un
campesino adolescente se vio envuelto en la vorágine de la violencia
oligárquica contra el pueblo, que devino después del asesinato de Gaitán en
1948.
Desde 1968, empuñó las armas en defensa de su vida y
de su pueblo. Aguerrido y audaz combatiente de primera línea durante toda su
vida, fue, con Manuel Marulanda Vélez, Jacobo Arenas, Efraín Guzmán y una
pléyade de revolucionarios, insigne constructor de las FARC-EP, por lo que
siempre lo llevaremos en nuestro corazón al lado de ellos y de Jacobo Prías
Alape, Isaías Pardo, Hernando González Acosta, Raúl Reyes, Iván Ríos y tantos
otros que han ofrendado su vida en el altar de la patria por la liberación de
nuestro pueblo de la opresión militarista y oligárquica, por una Colombia
democrática con dignidad, paz y justicia social.
Pasado el tiempo, se borrarán y olvidarán todas las
calumnias, comparaciones e infamias difundidas sobre él, por sus enemigos de
clase, por los gacetilleros y pirañas informativas al servicio de la
desinformación y la guerra mediática, y será recordado eternamente por su
pueblo, por los revolucionarios y los guerrilleros, como uno de sus más
resueltos y firmes representantes, ejemplo de lealtad al ideario bolivariano,
dignidad, transparencia, espíritu de sacrificio y valor a toda prueba.
En instantes como el actual, con profunda emoción y
plenas convicciones, el Secretariado, El Estado Mayor y la guerrillerada
reiteramos nuestra fidelidad a la causa de las FARC - EP, firmeza con sus principios
revolucionarios y bolivarianos de independencia, justicia, dignidad y cambio
social, banderas que jamás arriaremos!
Informamos que el Comandante Pastor Alape, es nuevo integrante pleno del Secretariado del Estado
Mayor Central. También que el Bloque Oriental de las FARC - EP se llamará a
partir de la hoy “Bloque Comandante
Jorge Briceño” que continuará el desarrollo de sus planes bajo el mando del
Comandante Mauricio Jaramillo.
Una vez más, como desde hace 45 años lo hemos
manifestado, reiteramos nuestra disposición a buscar la solución política del
conflicto que logre abrir caminos de convivencia atacando y superando las
causas que lo generan. Pero, en el entendido que iniciar un dialogo no puede
condicionarse a unas exigencias unilaterales y a unos inamovibles, que como la
historia reciente lo evidencia, todo lo que logran es dificultar cualquier
intento de acercamiento.
A los combatientes revolucionarios del país los
convocamos a redoblar la lucha y los esfuerzos por los objetivos de la libertad
y los cambios. Los desesperados y mentirosos llamamientos de la oligarquía a
abandonar nuestras convicciones, decisiones e ilusiones, solo pretenden llevar
un mensaje de desesperanza a nuestro pueblo, que siente en las banderas de
lucha guerrillera revolucionaria la posibilidad real de un futuro amanecer que
lo reivindique y colme sus aspiraciones.
¡Gloria eterna a los héroes caídos en la resistencia
al opresor!
¡Gloria eterna a todos los combatientes que han
entregado su vida por la
causa de la liberación de nuestro pueblo!
¡Comandante Jorge Briceño, héroe de la Libertad, la
Nueva Colombia, la Patria Grande y el socialismo: Presente, hasta siempre!
Secretariado de las FARC-EP
Montañas de
Colombia, Septiembre 25 de 2010
viernes, 24 de septiembre de 2010
De Resistencia, a la comunidad nacional e internacional, con motivo de los acontecimientos en las selvas del sur de Colombia
El pueblo de Colombia y el mundo observan el triunfalismo macabro y la euforia guerrerista de la clase gobernante colombiana, hecho perfectamente reflejado en la prensa amarillista del régimen, que acuciosa ha desplegado ediciones especiales, no para lamentar la violencia y clamar por la paz, como demandan los colombianos, sino para cantar una falsa y victoriosa aniquilación de la insurgencia.
Voceros de gobierno y analistas de bolsillo nutren la pretensión que por medio siglo ha amamantado la clase terrateniente y corrompida que gobierna: exterminar por la vía militar a la rebelión insurgente.
Cuán lejos están de la realidad que representan las FARC-EP en Colombia, y su símbolo revolucionario de resistencia, guías que hoy se propagan incluso más allá de la América Latina.
Sabemos que los ejecutores de la guerra del régimen, ni por un minuto piensan que sus bombas de racimo pueden alcanzar a sus soldados y policías que permanecen como nuestros prisioneros de guerra en la selva. Nada les detiene de lanzar sus bombardeos feroces, inclusive asesinar a mansalva a sus propios hombres que dignamente han defendido sus políticas.
Esta es la personalidad violenta y excluyente del régimen que enfrentamos, y que pese a los avatares de la confrontación, seguiremos enfrentando mientras tengamos, como hasta hoy, el respaldo popular de las gentes humildes y negadas que engrandecen la resistencia guerrillera. Ahí está el secreto que nos proyecta al futuro tanto en las selvas como en las ciudades de Colombia.
Mientras haya injusticia, desplazados y desterrados, acaparamiento de la tierra y la riqueza, bandas de narcotraficantes y paramilitares cogobernando, impunidad, corrupción, pobreza extrema, falta de garantías para participar políticamente por la vía pacífica y democrática, y mientras haya pérdida de soberanía y saqueo de nuestros recursos naturales, ahí seguirán apareciendo sin cesar los semilleros genuinos para la existencia de las FARC-EP.
No obstante seguimos reclamando una oportunidad para la paz, no para la rendición como obstinada y estúpidamente lo piensa el régimen. Lo que reclamamos ya lo comunicó con meridiana claridad nuestro comandante Alfonso Cano: el único camino es la solución política y pacífica para el conflicto social y armado interno, y en ella somos y seremos factor determinante, las demás estrategias solo contribuyen a prolongar el espiral de la guerra.
Finalmente queremos corroborar que no nos alegra la muerte de nuestro adversario. Jamás la revista y la emisora Resistencia, órganos informativos de las FARC-EP, han celebrado muerte alguna.
Por el contrario, asumimos con disciplina el pensamiento Fariano y los lineamientos del Estado Mayor y el Secretariado Nacional, que claramente y desde siempre han lamentado la violencia, y en cambio hemos defendido y propuesto el dialogo y la paz. Acaso no fue esa la inspiración de la exterminada Unión Patriótica ¿y no son los mismos lineamientos democráticos, pluralistas y pacifistas del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia?
Convocamos a la comunidad nacional e internacional a que no se deje engañar fácilmente con los cantos de sirena que han proclamado el presidente J. M. Santos desde Nueva York y sus esbirros desde los periódicos y micrófonos de Colombia.
No es por la vía de la exterminación del contrario que Colombia encontrará la paz y la reconciliación. En su momento el Secretariado habrá de comunicar la realidad de los hechos sucedidos en las selvas del sur de Colombia, por lo mismo no agregamos nada sobre estos acontecimientos. Entretanto, nos cubre el honor y la gloria de seguir luchando y resistiendo hasta alcanzar una Nueva Colombia, en paz con justicia y democracia.
Revista Resistencia, edición nacional, septiembre 24 de 2010
lunes, 23 de agosto de 2010
De las FARC-EP a la Unión de Naciones de Suramérica UNASUR
Aunque el gobierno de Colombia mantiene cerrada la puerta del
diálogo con la insurgencia acicateado por el espejismo de una victoria militar
y la injerencia de Washington, queremos reiterar a la Unión de Naciones del
Sur, UNASUR, nuestra irreductible voluntad de buscar una salida política al
conflicto.
Es un hecho que éste desbordó, desde hace años, el marco de las
fronteras patrias como consecuencia de las estrategias “preventivas” impuestas
a Bogotá por el gobierno de los Estados Unidos. Si Colombia hoy está ocupada
militarmente por una potencia extranjera, lo es en desarrollo de un interés
geoestratégico, de predominio continental y no en razón de una guerra local
contrainsurgente. Nadie discute que la Casa Blanca asume con preocupación
la presencia política, cada vez mayor en este hemisferio, de gobiernos que
optan por el decoro patrio y la soberanía.
En nuestro país, el Plan Colombia, la estrategia neoliberal, la
violencia institucional y para institucional, han agravado a niveles
insospechados el conflicto, haciendo muy difícil superar esta etapa de
confrontación fratricida sin la ayuda de países hermanos.
El drama humanitario de Colombia clama la movilización y
solidaridad continental. La obsesión oligárquica por someter militarmente a la
guerrilla desde hace 46 años, y la ejecución de los planes guerreristas y
represivos de Washington han costado innumerables masacres, fosas comunes como
la de la Macarena que esconde más de 2000 cadáveres: la más grande de América
Latina, crímenes de lesa humanidad llamados eufemísticamente “falsos
positivos”, un desplazamiento forzoso de cinco millones de campesinos,
desapariciones de ciudadanos por causas políticas, detenciones arbitrarias, 30
millones de pobres en un país de 44 millones de habitantes…
Algunos aluden frecuentemente a la obsolescencia de la lucha
armada revolucionaria, pero nada dicen de las condiciones y garantías para la
lucha política en Colombia. Otros ubican la amenaza en la insurgencia y no en
la estrategia neocolonial del gobierno de los Estados Unidos, pareciendo
ignorar que con guerrilla o sin ella el imperio dará curso a su agenda de
predominio. Y los hay también proclives a presionar a una sola de las partes
contendientes, casi siempre a la insurgencia.
La paz con justicia social y no la guerra por la guerra, ha sido
el objetivo estratégico de las FARC desde su surgimiento en 1964 en
Marquetalia. Si las conversaciones de paz de Casa Verde, Caracas, Tlaxcala y el
Caguán, no llegaron a feliz término, fue porque las oligarquías no quisieron
considerar ningún cambio en las injustas estructuras políticas, económicas y
sociales que motivan el alzamiento. Hoy enfrentamos, enarbolando
incuestionables banderas políticas, la más grande maquinaria bélica que haya
enfrentado guerrilla alguna, pero siempre luchando la posibilidad de una
solución política.
Señores presidentes: cuando lo estimen oportuno estamos dispuestos
a exponer en una asamblea de UNASUR nuestra visión sobre el conflicto
colombiano.
La paz de Colombia es la paz del continente.
Reciban nuestro saludo
De ustedes atentamente,
Compatriotas
Secretariado del Estado
Mayor Central de las FARC-EP
Montañas
de Colombia, Agosto de 2010,
Año
bicentenario del grito de independencia
jueves, 29 de julio de 2010
viernes, 16 de julio de 2010
Castiguemos con el repudio colectivo a los gobernantes vasallos
Estamos en marcha por la dignidad de la
patria. La batalla por la independencia no ha terminado, ha entrado en su fase
decisiva.
No podemos proclamarnos libres cuando la
política de dominación de un imperio nos subyuga y nos somete con la
complicidad apátrida de las oligarquías, y nos aprisiona la inhumanidad de las
cadenas de la esclavitud neoliberal.
Un país ocupado militarmente no es
independiente. No podemos declararnos soberanos cuando la fuerza militar de una
potencia extranjera plaga de bases el territorio patrio, pisotea la dignidad, y
la bandera de los Estados Unidos ondea sobre nuestra América, su amenaza de
expolio.
¡Pero sí podemos proclamarnos pueblo en
lucha por la libertad!
Ya estamos en batalla. Con la certeza de
Bolívar, “todos los pueblos del mundo que han lidiado por la libertad han
exterminado al fin a sus tiranos”. La justa causa de los pueblos no puede
ser derrotada. La espada de batalla del Libertador, ahora en manos del pueblo,
nos abrirá los caminos de la esperanza y triunfará en la contienda de la
definitiva emancipación.
Despleguemos hoy la oriflama tricolor
del bicentenario como símbolo de lucha y homenaje a los libertadores que
soñaron la Gran Nación de Repúblicas, escudo de nuestro destino, a los que nos
dieron patria pensando en la humanidad y se batieron en los campos de batalla
para dignificar al hombre y a la mujer americanos.
Como hace doscientos años “en Bolívar
está la emancipación”. Esta certeza esparcida sobre el cielo de América por el
prócer Camilo Torres, debe ser la divisa de nuestra campaña en la alborada de
Socialismo y Patria Grande que ilumina el continente y la América insular. La
cosecha de la siembra amorosa de los libertadores concebida para los pueblos,
no puede ser usurpada ni un minuto más por los herederos de Santander y su
perfidia; debe pasar al usufructo de sus destinatarios originales. La sangre de
los libertadores no abonó los campos de batalla para hacer más ricos a los
ricos ni facilitar nuevas cadenas coloniales, sino para redimir al soberano,
que es el pueblo.
Rindamos tributo en esta efeméride al
inca Tupac Amaru, al comunero José Antonio Galán, al negro José Leonardo
Chirinos, y a todos los descuartizados por la criminal opresión de la corona
española. Honor a la joven Policarpa Salavarrieta arcabuceada por los
terroristas pacificadores encabezados por el general español Pablo Morillo.
Gloria eterna a Francisco José de Caldas, Camilo Torres Tenorio, a Francisco
Carbonel y a todos aquellos, que supliciados en los patíbulos, nos mostraron
con su ejemplo el camino de la libertad. A los precursores de nuestra
independencia, Miranda, Nariño y Espejo, nuestro reconocimiento eterno. Tenemos
que desenterrarlos, sacarlos de las fosas del olvido en las que los ha
confinado la mentirosa historiografía de los que desviaron el rumbo de la
patria, para que sigan en batalla.
Aún resonaba el eco de la victoria de
Ayacucho cuando estalló la contrarrevolución en la ambición desbordada de la
oligarquía criolla por el poder político ilimitado. Ella encontró en la
Doctrina Monroe, intriga y aliento permanente para dividir el territorio y
despedazar la obra legislativa bolivariana que pretendía dignificar al pueblo
haciendo prevalecer el interés común sobre el particular.
Tal como lo había pronosticado el
Libertador, no tardaron en buscarse un nuevo amo. Combatieron la concepción
bolivariana de la unidad de pueblos en una Gran Nación, apoyados en el sofisma
de la Doctrina Monroe. Ella fue su acicate para asaltar el poder y lograr su
miserable sueño de sustituir a los virreyes en la opresión. Esa doctrina era el
disfraz de la avaricia del Destino Manifiesto anglosajón, que jamás pensó
enfrentar a la armada colonial británica ni a la Santa Alianza que proyectaba
restaurar en América el predominio del trono español, sino anexar repúblicas,
saquear recursos, y someter políticamente.
Traicionaron la grandeza y trocaron la
posibilidad del surgimiento de un nuevo poder continental, que fuese equilibrio
del universo, esperanza de la humanidad, por el arrodillamiento y la sumisión a
una potencia extranjera. Sólo les interesaba asaltar el poder político con la
ayuda externa para acrecentar sus fortunas personales y ponerlas a salvo
de la revolución social. Dóciles a su nuevo amo desmovilizaron, por conveniencia
recíproca, al ejército libertador, único garante de la independencia y las
conquistas sociales, fuerza disuasiva al mismo tiempo, de las ambiciones
neocoloniales del gobierno de Washington.
Los codiciosos y agresivos líderes del
norte, inspirados siempre en el cálculo aritmético, poseídos por la ambición de
erigir su prosperidad sobre la base del expolio a los pueblos del sur, no
podían tolerar la concreción del plan estratégico de Bolívar en el Congreso de
Panamá que contemplaba la formación de una liga perpetua de las naciones antes
colonias españolas, presidida por una autoridad política permanente, con un
ejército unificado concebido para la defensa y para la campaña de liberación de
las islas de Cuba y Puerto Rico, consideradas por Washington, apéndices de su
espacio continental. Les mortificaba la idea del Libertador de hacer efectiva
la ciudadanía hispanoamericana entre pueblos hermanos, el establecimiento de un
poder político enemigo de la esclavitud, y sobre todo, el propósito de impulsar
un régimen de comercio preferencial que hiciera prevalecer la cláusula de
nación más favorecida para las repúblicas hermanas coaligadas.
Todas estas medidas pensadas por el
Libertador Simón Bolívar para preservar la independencia y la dignidad de las naciones
hispanoamericanas se interponían como fortificación inexpugnable frente a las
insólitas pretensiones del Destino Manifiesto, embeleco inventado por los
fundadores del imperio para auto-legitimar el expolio.
Por eso cursaron la instrucción perversa
a sus ministros en Colombia, México y Perú, de estimular las rivalidades entre
nuestras repúblicas, el espíritu chovinista, desatar el espionaje, la
conspiración y la intriga, minar el prestigio del Libertador, y por eso fue
Bolívar el blanco de sus furibundos ataques.
Eliminar la figura política del
Libertador, su poderoso influjo en América Latina, fue su obsesión hasta causar
su muerte física y el eclipse transitorio de su proyecto político y social.
Todas las desgracias y miserias de
Nuestra América tienen ese origen. “Los Estados Unidos parecen destinados por
la providencia para plagar la América de miserias a nombre de la Libertad”. Lo
había profetizado Simón Bolívar.
La revolución quedó truncada, inconclusa
desde 1830 por la acción depredadora de la jauría de excluyentes criollos
azuzada y comandada por el gobierno de Washington.
“Toda revolución –decía el Libertador-
tiene tres etapas: la guerrera, la reformadora y la de organización. La primera
etapa pertenece al pasado; fue obra de los soldados. La segunda la cubrimos con
el Congreso de Cúcuta y el gobierno de Bogotá. La tercera, la de organización,
la abordaré yo en Panamá”.
Es este exactamente el punto de partida
para retomar la obra de la independencia y la revolución. A 200 años de
iniciada la gesta independentista el proyecto de Bolívar sigue siendo
asombrosamente vigente, como si hubiese sido concebido para los tiempos que
corren. El pueblo que puede, el pueblo que construye, tiene la palabra. Y ahora
Bolívar es el pueblo mismo empuñando su espada con la irreductible
determinación de luchar por la concreción de su gran sueño.
Pero el sólo grito de independencia no
es suficiente; quedó demostrado en la explosión simultánea de gritos que
estremecieron el continente sur, ahogados rápidamente por las sanguinarias
fuerzas punitivas de la corona. Ningún pueblo puede lograr su libertad si no
tiene una fuerza propia. Esta vez el nuevo grito de independencia debe ser el
grito de todos, el grito de los excluidos reforzado con la movilización
resuelta, con la lucha multiforme, con las armas de la unidad, de la
inteligencia y de la fuerza. Es la hora de los pueblos. Ellos fueron los que
combatieron y combaten, los que aportaron y aportarán miles de héroes estelares
o anónimos. Fue el pueblo la fuerza viva del ejército bolivariano que derrotó
el régimen colonial en la América del sur, y será protagonista del triunfo
inevitable de la revolución política y social.
Hay una espiral que asciende hacia la
libertad. La lucha de los patriotas del siglo 19 tiene un hilo conductor, una
articulación, con la de los patriotas del siglo 21. Aquellos desplegaron su
lucha en un agitado contexto de crisis del mundo colonial. Se consolidaba, sí,
el sistema capitalista con el saqueo y la esclavitud de pueblos, pero al mismo
tiempo la invasión napoleónica a España estimulaba en Hispanoamérica la ruptura
radical con el régimen colonial. La lucha de los patriotas del siglo 21 por la
definitiva independencia no sólo está ligada a la derrota del sistema
capitalista y la dominación imperial, sino que exige la superación de ese
sistema decadente y la inauguración de una nueva era justiciera: la del
socialismo y la Patria Grande. La actual crisis estructural del capitalismo es
el toque del clarín que anuncia al pueblo, que ha llegado el momento de
lanzarse a la batalla definitiva por la emancipación.
La preocupación de Washington es Simón
Bolívar todavía vivo y palpitante en el anhelo justiciero de los pueblos, la
vigencia de su pensamiento, de su proyecto político y social, el reencuentro de
los excluidos con la historia verdadera que les dice que fueron ellos, su
dignidad, el objeto principal del proyecto originario de nación.
Como vislumbran en la conciencia de los
pueblos un obstáculo al expolio, recurren a la fuerza y al despliegue del
poderío de su tecnología militar para negar por la violencia o la disuasión lo
que exigen el sentido común y la justicia. No nacimos para ser vasallos de nadie,
ni patio trasero de ninguna potencia. La América del sur nos pertenece porque
nacimos en ella. Tenemos derecho a la dignidad humana y a construir el modelo
de sociedad que haga nuestra felicidad.
¿Qué importa que los Estados Unidos
desplieguen estratégicamente sus bases militares en el Caribe y el continente,
si estamos resueltos a ser libres? Como diría Bolívar en la efervescencia
independentista de la Sociedad Patriótica: “pongamos sin temor la piedra
fundamental de la libertad suramericana; vacilar es sucumbir”.
Opongamos un escudo de dignidad
latinoamericana y caribeña a las incesantes agresiones e irrespetos del
monstruo del norte, fraguado este escudo en el más duro y resistente acero de
la unidad. “Porque la división es la que nos está matando”, debemos
destruirla. La dispersión y ausencia de unidad es la que ha interpuesto el
tremendo abismo que nos separa de nuestro destino de Gran Nación, de potencia
de humanidad y libertad. Rompamos las cadenas mentales y culturales que
engrilletan la conciencia colectiva. Nuestro deber es desoir el esclavizante
canto de sirena del imperio para escuchar la palabra amorosa del padre y
Libertador, que nos dice, que “unidos seremos fuertes y mereceremos respeto;
divididos y aislados, pereceremos”. La unidad es nuestra fuerza y es
nuestra esperanza.
Rechacemos con decoro patrio las bases y
emplazamientos operativos de avanzada del ejército de los Estados Unidos en
Colombia. Castiguemos con el repudio colectivo a los gobernantes vasallos, de
colonia, que permitieron el ultraje y que prestaron el territorio como base de
agresión yanqui contra los pueblos del continente; a los apátridas que han
arrodillado por 200 años nuestra dignidad ante el águila imperial, y que han
clavado la daga de la política neoliberal y del Fondo Monetario Internacional
en el corazón de la Colombia hemisférica; a los desvergonzados peones del
imperio que prestan su sentimiento esclavo para atajar a nombre de Washington
la incontenible ola bolivariana que recorre el continente.
La marcha patriótica bicentenaria está
en movimiento. Como decía Bolívar: “el impulso de la revolución está dado,
ya nadie lo puede contener (...) El ejemplo de la libertad es seductor, y el de
la libertad doméstica es imperioso y arrebatador (...) Debemos triunfar por el
camino de la revolución y no por otro (...) La ley de la repartición de bienes
es para toda Colombia”.
La movilización de pueblos ha comenzado.
Ya estamos en batalla. Con la espada del Gran Héroe triunfará la independencia
definitiva, la Patria Grande y el Socialismo.
Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP
Montañas
de Colombia julio 15 de 2010
Año bicentenario del grito de independencia
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